
Noche estrellada con barco y Chollo menguando en la Luna
Se me ha estrellado la noche de un momento a otro

Por Zenia Regalado
En las noches y en los pastizales húmedos cercanos a algún arroyo, vuelan los cocuyos. Tras ellos van los niños tratando de atrapar estas luces con alas para raptarlas y guardarlas en una botella.
De niña me iba con mi abuela a cazar cocuyos. Ella – la imaginería echa ser humano- me amedrentaba diciéndome que eran familia de los güijes (negritos con trencitas) que crecían dentro de las tinajas.
En principio les temía, pero con el tiempo descubrí que ellos me temían más a mí que yo a ellos. Después de disfrutar unos segundos de la fosforescencia de sus ojos- como diminutas linternas en la noche- destapaba la botella y les veía alejarse, como despidiéndose.
Los niños del campo y los de la periferia de los pueblos siempre han encontrado particularmente llamativos a estos seres pertenecientes a la familia de los escarabajos. Se les llama cucubano o saltaperico. Miden unos cuatro centímetros y se distribuyen por toda
Aye

Sin duda el arte es la solución a muchos vicios del alma. Hay un libro que dice que crear, es una necesidad básica, casi como respirar.
Desde mi punto de vista, aquellas personas que realizan alguna actividad artística o simplemente manual, desarrollan otra manera de relacionarse con el medio y el entorno. Y una manera totalmente diferente de valorar los logros personales.
Si bien el dicho de “Del arte no se vive” es tremendamente cierto que la valoración de los logros, para quienes sobreviven del arte es muy distinta a quienes tienen intereses y actividades ligadas a otras áreas. Obviamente no considerando en este grupo a aquellos creadores y hacedores de producción comercial.
Mi pensamiento en esto y recalcando que es mi postura personal, que si de felicidad y satisfacción se trata, quienes son capaces de almacenar riqueza emocional artística tienen muchas más capacidad de sentirse felices con sus logros y por consiguiente con la vida, que al final de cuentas es tan simple y tan mágica en su esencia.
No se en que momento la humanidad se transformó en una masa productiva, no lo tengo claro, tampoco lo entiendo.

Me gusta coleccionar cosas.
Recuerdo que este gusto lo tengo desde pequeña, en esa época mi debilidad eran las esquelas de monitos y de colores, con sobres para cada esquela, tenía cajas y cajas de ellas, perfumando toda mi pieza.
Ya de más grande y por problemas de espacio y traslado dejé de lado mi gusto por las colecciones.
Pero en la actualidad debo reconocer mi debilidad insaciable por los pañuelos, pañuelos de colores, de muchos colores, de suaves telas de colores, de pequeños rectángulos de género de variados diseños y formas.
¿Será obsesión, una simple y sana debilidad?,
¿Una compulsión por juntar cosas que no tienen un carácter de “necesario”?
o simplemente ¿Una pequeña pero deliciosa trivialidad?
Estoy muy contenta de compartir finalmente este maravilloso libro, trabajo de muchos años de recopilación y experimentación. Hace años tr...
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